Capítulo 1
En un coche que atraviesa la autovía.
Llevaba un rato lloviendo, las gotas de agua corrían por el cristal de la ventana del coche. Las observaba entretenida cuando mi padre freno en seco.
- ¡La gente no sabe conducir! - gritaba mientras hacía sonar el claxon.
- Cálmate papá apenas quedan unos minutos para llegar.
Mi padre es un gran empresario de Madrid y debe hacer algunos viajes a diferentes edificios de otras ciudades para verificar que la empresa va sobre ruedas. Él tiene 43 años, es serio y siempre viste con traje, es un hombre entregado a su trabajo y siempre dice que él ha trabajado duro para llegar al puesto en el que está y cobrar el sueldo que cobra. Nunca tiene tiempo para hacer otras cosas. Tenemos a una chica que limpia la casa, hace las comidas, plancha, hace la colada y hace las compras de la casa, se llama María. Mi madre murió cuando yo solo tenía tres años y he crecido en una gran casa con una hermana dos años menor que yo. Nos ha criado Carlota desde que mi madre murió. Ambas eran muy amigas de niñas y ella prestó su ayuda viendo que a mi padre se le estaba haciendo muy duro con dos niñas tan pequeñas. Mi padre aún no ganaba mucho dinero y vivíamos en una pequeña ciudad de Madrid. Ahora vivimos en Madrid capital y yo echo de menos la vida que teníamos.
Tengo 17 años y estudio para algún día llegar a ser algo en la vida. Me gusta viajar al extranjero, hablo el inglés más o menos y me defiendo bastante bien con el francés. Mi hermana es una adolescente alocada y vive la vida de la fiesta, no le gusta estudiar; dice que algún día papa nos dejará una herencia y nos solucionará la vida. Yo también lo creo pero prefiero hacer algo que no sea vivir del dinero y ser como esos niños de papa tan creídos que salen en la televisión.
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Cerca de una casita de madera y piedra.
El viaje llegaba a su fin en la gran ciudad de Barcelona, yo no sabía catalán pero lo comprendía más o menos por la influencia del francés. Aquí nos hemos encontramos con un joven chico que tiene mi edad más o menos, habla castellano y es mono. No es que yo piense en tener una relación con alguien pero no hay que cerrarse puertas.
- Bienvenidos seáis - dijo el desconocido.
- Hola Álvaro ¿Tienes preparados los papeles del sitio donde nos vamos a alojar durante estos días?
- Por supuesto Mario.
¡Así que Álvaro! Que nombre más bonito.
- Estas son mis dos hijas: Sara; la más mayor, y Helena; la más joven.
- Yo diría que ambas son jóvenes. Encantado de conoceos a las dos, soy Álvaro.
Nos dirigimos a la casita en la que pasaríamos los siguientes días. Era una bonita casa de madera y piedra con unos balcones que asomaban en la fachada. La disposición de habitaciones en la casa era bastante sencilla: cocina, aseo, sala de estar y comedor estaban en la planta baja del edificio y dormitorios y salas de baño se encontraban en la planta segunda.
Colocamos los armarios y decidí darme una ducha para relajarme del largo viaje, más tarde daríamos un paseo por las calles de la ciudad y cenaríamos en el gran comedor de la casa.
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En el interior de la casa de la familia Salgado.
Serían las diez de la mañana cuando la luz entró por la ventana y me desperté. Me lavé la cara y me vestí con lo primero que pillé, bajé a la planta baja pensando que estaríamos solo nosotros tres; Helena, mi padre y yo. Pero me di cuenta de que estaba sola. Olvidaba que Helena suele levantarse a desayunar a las doce o doce y media cuando nosotros estamos tomando el aperitivo. Además mi padre ya no estaba en casa. Pensé que estaría por alguna de las oficinas en las que tendría que hacer su trabajo en esa ciudad.
En la mesa del comedor estaba puesto el desayuno para mí: dos tostadas con un zumo de naranja y un vaso de leche. El comedor estaba iluminado gracias al gran ventanal que cubría casi por completo una de las cuatro paredes.
El sonido peculiar de un timbre cortó mis pensamientos. ¿Quién sería la persona que estaba tras la puerta? Lo descubrí a los pocos segundos cuando oí una voz masculina que me costaba reconocer. Me apresuré a abrir.
- ¡Hola Sara! ¿Cómo te encuentras esta mañana? Ayer parecías agotada - Álvaro era la persona que estaba tras la puerta. Y además de mono era observador.
- Hola Álvaro, estoy bien gracias. ¿ Qué es lo que deseabas? - maldije mis palabras según había terminado de pronunciarlas, ¿no habría parecido un poco borde?
- Solamente venía a ver qué tal os habíais instalado. Veo que muy bien.
- Si, la casa es muy bonita y confortable - dije para parecer más cariñosa.
- Me alegro de que os guste. Sara ¿te gustaría dar una vuelta por la ciudad conmigo esta tarde?
- Por supuesto así me la enseñas que ayer no pudimos dar el paseo.
- Muy bien esta tarde me paso a recogerte. Hasta luego.
- Adiós Álvaro.
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Los árboles se mecían al unísono por el viento. Estábamos sentados en un banco de piedra cercano al lago del parque Diagonal Mar. Álvaro ya me había enseñado gran parte del centro de la ciudad y ahora descansábamos un poco. Llevábamos un rato hablando y conociéndonos. Álvaro es un chico de veintidós años, estudia periodismo y mientras, trabaja para uno de los edificios de la empresa en la que también trabaja mi padre. Es un chico alegre y seguro de sí.
- ¿Y vives en Barcelona?
- Si, me alojo aquí mientras estudio en la universidad, pero soy de Toledo.
- Yo vivo en Madrid. Antes vivía en una localidad de la comunidad, pero luego nos mudamos y echo de menos la vida que llevaba allí.
- Yo estaré aquí al menos dos o tres años más, por lo menos hasta que termine mis estudios. También yo echo de menos la vida que tenía en Toledo.
Me parecía un buen chico y además simpático, al menos por el momento, quién sabe si dentro de unos meses se vuelve un psicópata loco aunque no tiene pinta de psicópata.
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